martes, 23 de julio de 2013
lunes, 22 de julio de 2013
sábado, 6 de julio de 2013
jueves, 4 de julio de 2013
Las víctimas del golpe militar en Egipto(1)
Después de que la junta militar de Egipto, armada, equipada y
financiada por Estados Unidos, llevó a cabo su golpe de Estado contra el primer
gobierno libremente elegido en la historia del país, habrá muchas víctimas.
Pero las principales no serán el derrocado
presidente Mohammad Morsi ni los islamistas, que son buenos sobrevivientes por
naturaleza. Serán la democracia y la fe popular en ella en todo el mundo. La
víctima será la única oportunidad que tuvieron los egipcios de ser parte de
este mundo en sus más de 5,000 años de historia.
En varias rondas de elecciones, los egipcios,
jóvenes y viejos, habían mostrado al mundo su deseo de cambio y su esperanza,
mientras hacían fila bajo el calor del desierto durante horas para intentar
depositar sus votos y tener injerencia, por primera vez, en el futuro de su
país.
Durante la Primavera Arabe, mujeres jóvenes iban vestidas a la
moda occidental, esperando para votar junto a otras cubiertas de pies a cabeza
por el “neqab”, prenda tradicional de las musulmanas.
El mensaje era: “Queremos democracia, no el
régimen militar que nos controló durante 60 años”. La ciudadanía votó una
Constitución, un parlamento y un presidente, mientras el mundo observaba con
sorpresa y admiración.
Luciendo su pobre vestimenta, el portero de mi
edificio hizo fila junto a ricos propietarios del barrio. Un valor universal de
igualdad, libertad y esperanza se percibía en el aire.
Morsi fue el presidente que llegó al gobierno
con mucho menos que el usual y sospechoso 90 por ciento de los votos que suelen
recibir tantos gobernantes árabes.
Pero en la noche del miércoles 3 vehiculos Humvee suministrados
por Estados Unidos eran usados por las “fuerzas especiales” de Egipto mientras
disparaban a civiles que protestaban contra el golpe military en la plaza Nahda,
fuera de la Universidad de El Cairo, donde hace unos años el presidente Barack
Obama ofreció al mundo musulmán un discurso sobre la paz y el fin del
terrorismo.
Los videos muestran a varios heridos, sangre y
gente muriendo mientras dicen sus últimas palabras en pro de la libertad. Los
militares respaldados por Estados Unidos intentaban dispersar a los partidarios
de Morsi antes de lanzar una declaración formal del golpe de Estado.
En otro punto donde se congregaron partidarios
de la democracia, Rabaa Al-Adawia, en el distrito cairota de Ciudad Nasr, los
militares impusieron un estado de sitio que bloqueó incluso el paso de
alimentos u otros suministros, obligando a sus habitantes a salir para
obtenerlos, mientras francotiradores montaban guardia desde las azoteas, con la
gente en la mira.
Mientras el general del ejército Abdel Fatah Al-Sissi, entrenado
por Estados Unidos, prometía transparencia y libertad en su discurso del
miércoles 3, en el que declaró el
golpe, varios civiles sentados junto a él mostraban su apoyo a un régimen
militar.
Pero, a medida que Al-Sissi hablaba, todos los
canales de televisión que habían apoyado las elecciones y a Morsi eran
clausurados simultáneamente, y varios de sus trabajadores arrestados,
humillados y obligados a desfilar entre columnas de opositores alegres y de
otros trabajadores de medios privados que apoyaron el golpe.
Las comunicaciones telefónicas se cortaron en
el área donde estaban congregados los partidarios de Morsi, señal de qué clase
de libertades esperan a Egipto.
Este fue el final trágico de la naciente
democracia del país, y un pantallazo del futuro que tiene por delante bajo el
mando de unas Fuerzas Armadas respaldadas por Occidente.
Pero, ¿quién quiere un regreso a un régimen
militar brutal?
Bueno, mucha gente: civiles que esperan sacar
provecho de un mandato militar y que están dispuestos a sacrificar la
democracia y a darle un rostro civil al golpe en su propio beneficio.Lea Egipto, Parte 2.
Las víctimas del golpe militar en Egipto(2)
Egipto, Parte 2.
Obviamente, los militares, que gozan de enormes beneficios financieros y de la libre propiedad de vastas y costosas tierras, de clubes sociales exclusivos y de descuentos en casi cada compra.
Obviamente, los militares, que gozan de enormes beneficios financieros y de la libre propiedad de vastas y costosas tierras, de clubes sociales exclusivos y de descuentos en casi cada compra.
Ellos no quieren inspecciones a los sobornos
que reciben por las exhorbitantes compras de armamentos. Ellos sacaron a sus
partidarios a las calles.
La Iglesia Copta de Egipto, cada vez más
militante, que controla a los cinco millones de cristianos del país y que a su
vez poseen importantes intereses económicos, también quiere un regreso al
gobierno militar. Y empujó a sus seguidores, en masa, a las calles.
Morsi y los islamistas habían introducido la
idea de legislar para imponer controles sobre las finanzas de la Iglesia,
medida que se topó con la fuerte oposición del clero cristiano. Al nuevo y
controvertido papa copto Teodoro II le resultó muy fácil enviar a cientos de
miles de sus feligreses a las calles para pedir el derrocamiento de Morsi y
mezclar el reclamo con las quejas sobre la seguridad.
Hay también una conspiración de exmiembros del
régimen de Hosni Mubarak (1981-2011) que no tienen estómago para un sistema de
frenos y equilibrios. Además, la fuerza policial, que prosperó en base a
asesinatos y que disfrutó de los beneficios del régimen, nunca se sintió cómoda
con un cambio de régimen y una democracia.
Después de todo, a muchos de sus integrantes
les aguardaban juicios por abusos a los derechos humanos.
Todos ellos protestaban contra Morsi, sin
paciencia para esperar un cambio democrático.
Ciertamente hay otros pilares del régimen de
Mubarak, como el gran imán de la mezquita Al-Azher, jeque Ahmed el-Tayeb,
bastión del Islam sunita, cuyo rol fue siempre blanquear los abusos de
dictadores como hechos justificables mediante la religión, a través de una
serie de controvertidas “fatuas” (edictos religiosos). Él enfrentaba el
fantasma de una eventual destitución bajo el gobierno de Morsi.
Otros que querían el regreso del régimen
militar bajo una delgada máscara civil son los salafistas, que cuentan con
respaldo de Arabia Saudita.
Este grupo religioso profesa la idea de “nunca
disputar al gobernante en su gobierno” y se adhiere al lado conservador del
Islam, de un modo muy similar al sistema religioso saudita, que da más
importancia a la vestimenta que a la forma de gobierno de los musulmanes, y en
colisión directa con la ideología de la Hermandad Musulmana, que promueve la
participación política.
Todos ellos encontraron su punto de
confluencia en un general del ejército ambicioso, pero poco conocido, que puso
su mira en el gobierno de Egipto y planificó erradicar la Constitución, la
legitimidad y las elecciones según su capricho.
Sin duda, Morsi y los islamistas cometieron
muchos errores. El mandatario lo admitió en sus últimos discursos y prometió correcciones
en su calidad de presidente democráticamente elegido.
La forma de resolver esos problemas debió
haber sido a través de las urnas, y no mediante un golpe que ya es
sangriento. Ahora, la democracia se desangra.
domingo, 30 de junio de 2013
martes, 25 de junio de 2013
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